La agricultura urbana: cómo la ciudad devuelve espacios a la agricultura

Urbane Landwirtschaft

El número de personas que habitan las ciudades ha ido aumentando: según un informe de la ONU en 2020 las áreas urbanas cuentan con más de 4 millones de habitantes que incrementarán cada vez más en los próximos años. La expansión de la superficie de las ciudades y de las infraestructuras conexas se apropia cada vez más de los espacios de la agricultura, que se esfuerza por hacer frente a una creciente demanda de alimentos de parte de una población en aumento.
Después de años en los que el cemento ha arrebatado espacio a la vegetación y a los campos, en los últimos años hemos empezado a ver la tendencia opuesta: la agricultura vuelve a apropiarse de una parte del espacio que le habían quitado. Se está volviendo a cultivar y criar en muchas zonas urbanas, especialmente en los espacios en desuso. Este fenómeno, bastante reciente, se denomina agricultura urbana.

En qué consiste este fenómeno: casos e iniciativas en el mundo

En algunas partes del mundo la agricultura urbana se ha convertido en un fenómeno de moda, la manifestación de una mayor conciencia y atención a los procesos de producción de productos alimenticios genuinos y sostenibles.
Es lo que ha pasado con el Brooklyn Grange de Nueva York, el huerto urbano más grande del mundo. Se trata de un proyecto que en 2010 ha visto nacer un huerto di 6.500 metros cuadrados en el espacio creado en las azoteas de 2 edificios industriales en desuso. La iniciativa ha tenido un gran éxito: los productos cultivados en Brooklyn Grange son ahora muy apreciados y los restaurantes locales compiten literalmente por ellos.
Las iniciativas se multiplican también en Europa: del ex aeropuerto Allmende-Kontor en Berlín, uno de los ejemplos más positivos de recalificación ambiental de una amplia zona en desuso, al huerto agrícola que se estrenará en la próxima primavera en la feria de París, destinado a convertirse en el más grande del mundo con sus 14.000 metros cuadrados, que se desarrollan enteramente en las azoteas de los pabellones del recinto ferial.
Los huertos urbanos y las azoteas verdes representan a menudo también la ocasión para organizar eventos, talleres y actividades didácticas para crear una conciencia sobre la producción de los alimentos, estimular la participación de los ciudadanos y sembrar en la comunidad los valores de la agricultura.
Desde Suecia llega una solución diferente, la de los rascacielos invernadero. En la ciudad de Linkoping se está construyendo una verdadera hacienda vertical. Con una altura de 54 metros la estructura puede alojar diferentes cultivos en el interior de sus invernaderos que se desarrollan por decenas de pisos.
La productividad debería ser muy elevada: hasta 300 kg de cosecha por metro cuadrado, gracias a cultivos que pueden crecer todo el año y en un ambiente protegido, donde no será necesario utilizar pesticidas ni otros productos químicos para el control de la infestación. Se calcula que un rascacielos invernadero de este tipo pueda producir vegetales suficientes para el consumo de una población de 350 mil habitantes, con un impacto medio ambiental muy reducido, puesto que la entrega de los productos directamente a los consumidores reduce los transportes al mínimo.
Más allá de las iniciativas individuales en los países más industrializados, la agricultura urbana es un fenómeno más amplio que interesa también los países en vía de desarrollo y que las instituciones impulsan.
Entre ellas, la FAO sostiene la agricultura urbana y los horticultores con rentas bajas, proporcionando instrumentos, incentivos y formación para fomentar iniciativas en los centros densamente poblados con escaso acceso a los productos agrícolas. El objetivo es mejorar el acceso a los alimentos para las franjas más pobres de la población.

Las ventajas de la agricultura urbana

Ya sea con fines recreativos, para producir ingresos o para abastecer alimentos en zonas con dificultades, la agricultura urbana resulta ser un fenómeno muy útil desde el punto de vista social. Ayuda a promover prácticas sostenibles y ecológicas, produciendo y distribuyendo productos agrícolas de cero kilómetros, que permiten ahorrar energía. Estimula la participación y la sensibilización de los consumidores, que participan en la cadena de producción de los alimentos y en la educación ambiental. Todo ello sin contar la ganancia en términos de embellecimiento del entorno natural para las ciudades: los espacios dedicados a la agricultura urbana traen verdor a las zonas de hormigón, recalificando barrios enteros.
Además del impacto social, también genera un efecto económico y contribuye a valorizar la productividad de áreas a menudo en desuso. Ofrece una ayuda concreta a los países en vías de desarrollo donde el abastecimiento de alimentos es una necesidad primaria.
En conclusión, las ventajas de la agricultura urbana son realmente muchas, y es por eso que no nos asombra que este fenómeno esté creciendo tan rápidamente.
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